domingo, 10 de mayo de 2015

Alrededor de dos damas de la escena



 

Diez actores dirigidos por Juan Ramón Góngora ofrecen suculento bocado de teatro contemporáneo


En estos días está en cartelera por segunda vez en casi 60 años “Alrededor de las anémonas”, una de las primeras obras teatrales de Juan García Ponce en la que el autor dibujó el rompimiento entre aquella Mérida con características del siglo XIX y la nueva sociedad que surgía con costumbres distintas, escandalosas para muchos.

En esta puesta en escena que se ofrece en el teatro La Rendija bajo la dirección de Juan Ramón Góngora Alfaro, los adultos mayores que asisten a verla recuerdan esa época de su niñez y, a su vez, el público juvenil atisba en la vida de esa generación para comprenderla, saber de dónde provienen y así distinguir entre las influencias externas y las raíces propias que conforman el modo de vida actual.

Además, esta obra llena de humor está dirigida a los amantes de este género de teatro contemporáneo que gustan de buenos proyectos y de actores consolidados. En este caso la conocida actriz Eglé Mediburu obsequia a los espectadores un buen trabajo en las tablas. Ella comparte ese reto con la también querida Conchi Roche, directora de La Farándula, esa compañía que hizo disfrutar a muchos con sus montajes clásicos y experimentos escénicos que llegaron a teatros, calles y parques.

Hace mucho ambas actrices montaron por primera vez esta obra de García Ponce, y ahora la repiten bajo la guía del actor y director Juan Ramón Góngora, quien tuvo la tarea de conducir al reparto de diez personas en escena, cinco de ellas adolescentes y jóvenes.

La historia que se narra en “Alrededor de las anémonas” transcurre en la Mérida de los años 50, el autor sitúa los hechos en aquella ciudad en la que todavía no llegaba la televisión en blanco y negro, no existía el agua potable, las familias viajaban en ferrocarril al puerto de Progreso y el boleto de autobús costaba 15 centavos. Los domingos lo común era ir a misa y después a los cines Rialto, Novedades, Colón, Encanto, Alcázar, Olimpia, Cantarell y otros más ya desaparecidos. La llegada de los circos era un acontecimiento.

En ese tiempo la ciudad no era tan grande. Había una caballeriza en lo que ahora es el Club Campestre, esa zona casi estaba en los límites de esta capital. Los delincuentes eran recluidos en la vieja penitenciaría Benito Juárez, a unos pasos de donde las familias y niños convivían en el Parque del Centenario. 

No había supermercados, las familias compraban en el Mercado Grande, Los Portales y los sitios de abasto popular de los antiguos barrios.
En esa Mérida todavía existía la Sidra Pino, la gente combatía el calor con talco Las Dos Caras, los taxis aún no desplazaban totalmente a las calesas en los servicios a colonias cercanas al Centro Histórico,  y en muchos rumbos eran comunes las imágenes del carbonero, el aguador y el chivero. 

Esa era la sociedad en la que el rock and roll irrumpía como vendaval para romper cadenas y anunciar cambios grandes en la forma de vida. Las personas adultas se resistían a dejar costumbres que los jóvenes rechazaban. Lo que para aquellos era inmoral, vergonzoso y preocupante era considerado irrelevante y sin cuidado para las nuevas generaciones. 
Eso es lo que plantea y muestra esta obra teatral. 

En este relato vemos a dos hermanas, una soltera y otra una casada y viuda que viven juntas para acompañarse. Ellas son el centro de los acontecimientos, alrededor de estas flores del viejo jardín social se suceden los hechos. Ligadas a ellas hay un niño, cuatro adolescentes y un matrimonio con problemas de infidelidad cuyas vidas sirven para mostrar ese cambio de época y las nuevas formas de pensar y conducirse. 

En estas presentaciones hay tres papeles en las que se alternan sendas actrices. En uno de ellos compiten Madeline Lizama “Candita”, conocida actriz del teatro regional yucateco, y Yatzaret Castillo, directora de la compañía “Por qué no? Producciones”. 
El personaje que a ambas les toca presentar está poco tiempo en escena, pero les da mucha posibilidad de lucir su actuación. Nos tocó ver la versión con Yatzaret Castilo, y consideramos que causó buena impresión en el auditorio.

Guadalupe Sagredo y Xhaíl Espadas también se alternan, y lo mismo hacen Mariana Pacheco y Arantxa Herrero Buenfil. Los otros integrantes del elenco son Joaquín de la Rosa Espadas, Adriana Lizama, Damián González, Tony Baeza y Raúl Uranga. Todos ellos, unos más que otros, son justos propietarios de los muchos aplausos que el público ofrece a este proyecto 

La producción de esta nueva versión de la obra corresponde a Eglé Mendiburu, la cual también lleva el mayor peso del trabajo de actuación. Ella es la que más intervenciones tiene, se mete en su papel, su concentración no es rota ni por el calor del improvisado teatro que la hace sudar. 

Junto a ella, con la naturalidad que dan la experiencia y el dominio de la escena, Nancy Roche nos muestra a una hermana soltera pero que no se siente sola, es divertida, está entusiasmada con la vida y es tolerante con los cambios sociales que ve venir. Para ella no todo pasado fue mejor ni todo futuro será peor. (Mérida Cultura).

Las funciones de “Alrededor de las anémonas” son los viernes (9 de la noche) sábado (8) y domingo (7). Los boletos son a $150 pero hay promociones para que obtengas descuentos.

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