martes, 24 de septiembre de 2013

“KI” (HENEQUÉN)



Extraño y desangeladoperformance.
La noche de este martes tuvimos oportunidad de ver a Tomás Gómez, actor y director del “Laboratorio 50.51”, presentar un número de performance art en la acera del teatro José Peón Contreras.

En realidad sólo vimos una parte de esa propuesta, la seguimos únicamente por cerca de  una hora. Después nos retiramos. Lo que vimos en ese lapso no varió, fue la misma imagen: un hombre se arrastra en el piso revolviendo en este una masa de sosquil.

Durante ese tiempo el público congregado en ese lugar vio al artista avanzar sobre la escarpa desde el cruce de la calle 60 con 57 hasta el Parque de la Madre. En todo ese trayecto hizo mismo: arrastrarse lentamente mientras daba vueltas a la madeja de fibra. Esa representación se denominó “Ki” (henequén) y formó parte de las actividades del Cuarto Festival de Teatro que organiza el grupo teatral La Rendija, al cual pertenece Gómez.

Con ese trabajo el actor aludió a la explotación indígena y la riqueza de los hacendados henequeneros durante la época del oro verde.

Hasta donde vimos, en ese performance callejero no hubo expresiones orales del actor, no habló. Constatamos que el público esperaba que él dijese algo o que entraran otros artistas en escena o cambiara el cuadro y se pasara a otras acciones que desarrollaran el tema. Pero eso no ocurrió, se mantuvo la misma imagen.

Inicialmente la gente que acudió a presenciar el espectáculo se arremolinaron junto al ejecutante, pero después decayó  el interés, la mayoría de las personas  se fue dispersando o lo siguió de lejos. Debido a que no vimos el final de esa obra no podemos abundar en los comentarios.

Suponemos que Tomás González terminó con dolor de espalda, manos y posaderas. Al menos implantó récord al trasladarse lentamente en esa posición en ese largo tramo. Si este actor es capaz de una aventura como esa seguramente también nos sorprenderá gratamente, como ya lo ha hecho, con otro trabajo donde mantenga la atención de su público y agregue palmas a su ya abultado morral de aplausos.

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