martes, 9 de febrero de 2016

Audaz y extensa obra



Película llevada al teatro con singular planteamiento 



Pocas  veces vemos  en Mérida la temeridad de montar una obra teatral de dos horas y media de duración pues se requiere mucha audacia para exponerse a que el público se canse y abandone la sala antes del final de la presentación. Para salir indemne de esa intrepidez son necesarios un argumento atrayente, actores aventajados, una ambientación laboriosa y un director sin arrogancia, más cercano del público y conocedor de los encantamientos escénicos para usarlos en favor de su trabajo.

Miguel Angel Canto
Esta intrepidez la vimos en días pasados en  las presentaciones de “Luz de  invierno”, una larga adaptación de la película Los Comulgantes, uno de los mejores filmes del sueco Igmar Bergman que aborda la existencia de Dios a partir las tribulaciones y dudas de un  pastor protestante cuya angustia crece a raíz de la muerte de su esposa.

René Avila
Ese arrojo lo condujo Luis Yamá, actor egresado de las aulas teatrales de Veracruz y que de nuevo dirige una obra. Para esta aventura reclutó a un elenco competente dispuesto a nuevos retos expresivos para fortalecer sus capacidades, al cual apoyaron actores  secundarios y estudiantes de teatro que sirvieron de auxiliares.

Al material actoral se agregó  una sugerente escultura de Cristo crucificado que sirvió de elemento escenográfico y al mismo tiempo formó parte de una estructura metálica sobre la cual se desarrollaron segmentos de la trama. Crucetas de madera y ramas secas completaron  la escenografía.

Se  recurrió a un  televisor para proyectar los nombres de los 11 cuadros en que se dividió la obra y mostrar la traducción de la defensa que  el sueco Bergman hace de su trabajo en ese filme y las ideas filosóficas que plantea en los diálogos de los personajes. Parte de obra –así lo entendimos- consistió en semejar aspectos del rodamiento de la  cinta.

Rebeca Guerrero
Se recurrió mucho a la iluminación para generar ambientes, resaltar pasajes y contribuir a  transmitir sensaciones. A  diferencia de la película, en la cual casi no hay música, en esta obra se recurrió en exceso al sonido. Este elemento no fue arpegio que adorna a la nota principal sino protagonista que quitó lugar al actor, la estridencia impidió por momentos escuchar los parlamentos a pesar del  esfuerzo del elenco por elevar la voz.

Luis Yamá planteó este drama psicológico recurriendo a simbolismos y elementos del teatro mágico. Combinó destrezas actorales con impactos visuales. Su planteamiento estético no es convencional, las alegorías son abundantes. 

El protagonista central, el pastor protestante, nunca aparece con sotana, se presenta siempre con el  torso descubierto. Un afligido feligrés al cual  el ministro no puede ayudar, ocupa la escena también con el torso al descubierto y manchado, se arrastra para expresar sus tormentos que lo llevan al suicidio. Otro más que aparece sin camisa es el jorobado sacristán  con un crucifijo en el cuello, quien habla  al final de la obra exponiendo planteamientos sobre la existencia divina.

Otro personaje más es u sacerdote alejado de su misión evangélica y consumido por el materialismo al que debe oponerse. Este es mostrado bailando, contando su dinero y haciendo compras en Liverpool.  

En este montaje participan 16 personas, dos de ellas sentadas entre el público, otros más son auxiliares o actores secundarios,  entre ellos un niño. El trabajo central recae en menos de la mitad de ese amplio elenco.

En esta obra hay imágenes impetuosas y cuadros palpitantes pero hay momentos en que decae la fuerza, las debilidades son inocultables,  surgen confusiones sobre el argumento. Para quienes gustan del teatro conservador habrán salido sin grandes emociones después de ver esta obra que marcha sobre el riel de la escena contemporánea, aquella donde el poderío del actor se mezcla con recursos de todo tipo para semejar  ambos una ola con su espuma: son independientes pero  viajan juntos hasta disiparse ante la playa del espectador. 

Amilcar Barrera 
Por la falta de programa de mano no conocemos los nombres de todo el elenco. Pero reconocimos a Miguel Angel Canto Peraza, quien todo el tiempo estuvo en escena cargando con el papel principal y sometiendo a juicio sus habilidades teatrales. Este actor, quien también ha dirigido y escrito obras, dejó sus estudios de ingeniería para desarrollarse entre los telones y la tramoya.  Parte de su formación actoral la hizo en el  Instituto Nacional de Bellas Artes, es profesor de la ESAY y se le ve con frecuencia en las tablas.

También vimos a René Avila, integrante del grupo teatral Par 64  y con trayectoria suficiente que ya le dio formación sólida; Rebeca Guerrero, española con gran actividad local pues es requerida por  sus capacidades actorales; a Raúl López, quintanarroense, con estudios en  Cozumel y ex integrante del grupo La Fragua, y Amilcar Barrera, poseedor de una técnica pulida en 15 años de trabajo en obras de distintos géneros. En el cartel publicitario de este proyecto se menciona también a Elizabeth Pisté, Gerardo Molina, Rosi Estrella y Alejandro Castolo.


Esta obra se estrenó en octubre pasado y su última presentación fue el pasado sábado 6,  en el Foro Alternativo Rubén Chacón. Por fortuna, logramos asistir a esa última función (Mérida Cultura)

martes, 19 de enero de 2016

Danza en el drama de Shakespeare




El desafío de ofrecer una versión original del gran poeta y dramaturgo inglés.



Desde que el director de teatro Paco Marín y un grupo de actores formaron hace cinco años la Compañía Caballo Azul aceptaron todos ellos el desafío de llevar la poesía a escena mediante obras escritas en verso. Tal como ellos mismos reconocen, es una empresa difícil tanto para quienes representan los papeles como para el  público.

Ligia Aguilar y Alfonso García
La complejidad radica en que el director y los actores deben lograr transmitir el mensaje recurriendo a diálogos versificados, lo cual implica para estos últimos mayor esfuerzo nemotécnico y concentración en la representación. La meta es más ardua si la escenificación es un drama.
El público a su vez debe estar atento de no perder los diálogos y seguir el argumento al tiempo que capta y disfruta la composición literaria de  los textos.

En su más reciente proyecto, la Compañía Caballo Azul recurrió al poema Venus y Adonis, del venerado dramaturgo inglés William Shakespeare, para ofrecer una versión de esa dramaturgia con versos blancos elaborados por Paco Marín. 

Se presentó en el Centro Cultural Olimpo
Este proyecto hizo una temporada de presentaciones y regresó el fin de semana pasado al Centro Cultural Olimpo como parte del programa del Mérida Fest que anualmente se realiza para celebrar el aniversario de la fundación de la capital yucateca.

En la obra de Shakespeare el joven Adonis está más interesado en la cacería del jabalí que en los ruegos amorosos de Venus, la cual consigue finalmente amarlo pero después lo pierde para siempre.

Laura Zubbieta y Randia Escalante.
En esta obra el director desplegó básicamente dos recursos para ofrecer una traslación de Venus y Adonis, recurriendo al mismo autor británico y otras famosas creaciones suyas. 

Una de esas estrategias fue recurrir a la danza  y al movimiento corporal de los actores. En ello Paco Marín se apoyó en la experimentada bailarina y coreógrafa Ligia Aguilar Cáceres, ganadora de premios de danza contemporánea.

Ligia Aguilar y Alfonso García
Ligia realiza un extenuante trabajo en esta presentación pues no se detiene durante toda la obra. Mostró una condición física sobresaliente y lució sus habilidades en el baile.

Le correspondió ser la Afrodita que cae en el enamoramiento y que se angustia después por no lograr el interés de Adonis.  Posteriormente,  una vez aceptada, disfruta el amor carnal de este, pero más adelante sufre al perderlo en la cacería del jabalí.   

Ella y Alfonso García  Medina (Adonis) permanecen todo el  tiempo solos en el centro de la escena, excepto al inicio de la obra en que Shakespeare (Miguel Angel Canto) presenta a los personajes que creó.

Randia Escalante
El segundo recurso del director fue poner las palabras y sentimientos de Venus en  tres mujeres de distintas edades y circunstancias, todas sacadas de la literatura del bardo de Avón. Una de ellas es Lady Macbeth (Laura Zubieta), de la tragedia Macbeth sobre  la traición y la ambición desmedida.

Otra más es Titania (Randia Escalante), criatura orgullosa,  es la Reina de las Hadas en la obra  Sueño de una Noche de Verano. La tercera es Julieta (Andrea Urbán), personaje de una de las historias de amor –Romeo y Julieta- más conocidas de la literatura británica.

Andrea Urban
Las tres permanecen en segundo plano, desde una posición elevada, expresando la variada naturaleza del amor y los sentimientos que lo acompañan, entre ellos el dolor.

El libreto incluyó elementos de del cuento Everything and Nothing (Todo y nada) del literato argentino Jorge Luis Borges. Fueron usados en el epílogo que  bajó el telón.

Miguel Angel Canto.
Al  igual que en otros trabajos de Paco Marín se elogia en este proyecto sus recursos lingüísticos y escénicos  que ya le generaron un  estilo teatral propio, identificable. Y se pondera la capacidad del grupo de actores que lo acompaña en esta audaz aventura de plantear una versión propia del ya muy explorado William Shakespeare.

El tipo de iluminación usada en esta representación y la distancia entre los actores y el público impidió a este apreciar el buen trabajo que hizo en materia de vestuario la casa Evans y Charm, a la cual han recurrido en otras ocasiones otros teatreros. Resalta en particular el diseño de las prendas femeninas.

En este nuevo trabajo de la Compañía Caballo Azul también intervinieron Rafael García Medina (una breve aparición, como una sombra), Jorge Escalante (escenografía) y Erick Baqueiro (música).

Consideramos que la falta de difusión  adecuada de este y otros espectáculos que se están presentando en el Mérida Fest impiden que mayor público acuda para disfrutarlos o bien tenga un acercamiento a distintas formas expresivas del arte. Esa escasez de espectadores es todavía más lamentable cuando los eventos que se ofrecen son gratuitos  (Mérida Cultura).  

jueves, 7 de enero de 2016

Victoria en reto escénico




Regresó “La prisionera” en otra exitosa presentación.



Los actores, los directores teatrales y los escenógrafos  pueden ser comparados con los toreros: para lucirse necesitan un astado bravo, no uno manso y afeitado. En situaciones difíciles, en los retos y el peligro es cuando brilla el capote  del talento.

Eso le ocurrió al equipo conducido por Juan Ramón Góngora que presentó “La prisionera”,  obra de Emilio Carballido,  en la Videosala del Centro Cultural Olimpo, un sitio inhóspito para escenificaciones pues fue pensado para proyecciones de cine en pequeño formato. El lugar carece de telón, bambalinas, tramoya, ciclorama, accesos, salidas, vestidores…

Pero los tres actores participantes y el equipo técnico de iluminación, audio y escenografía capitaneados por Juan Ramón presumieron agudeza y capacidad. Conjuraron  esas adversidades para generar el encantamiento que tiene el buen teatro.

En noviembre pasado “La prisionera” hizo una temporada en ese lugar. Y ayer jueves la obra regresó en la primera de dos nuevas presentaciones dentro del Mérida Fest que se realiza durante casi todo enero para celebrar la  fundación de esta ciudad. Esto nos dio oportunidad de disfrutarla tanto como aquellos que nos recomendaron verla.

Esta obra resalta por su vigor dramático y las ideas que su autor expone sobre distintos  temas. Uno de estos resalta: el significado de la libertad. Los otros planteamientos son accesorios, aluden a los regímenes dictatoriales, el idealismo, la vida alejada de conflictos pero monótona, el afán de reconocimiento a costa de la estima personal y la pobreza que mantiene  un velo de ignorancia sobre una gran parte de la población.

La historia se desarrolla en los años 30, en la costa de algún país latinoamericano con régimen militar, en una fortaleza con faro que sirve de lejano destacamento para un coronel que se cree amigo del dictador pero quien lo mantiene lejos de sí. Al sitio es enviada una mujer culta, refinada, de familia rica pero idealista, que promueve el voto para la mujer, organiza marchas y enciende a los estudiantes que luchan contra el régimen.

La esposa del tosco coronel, una humilde mujer que se casó deslumbrada por el uniforme,  sirve de carcelera. Esto la hace convivir con la prisionera y descubrir su propia realidad, la cautiva es ella, no la que está detenida. La presa recibe  el indulto y sale libre, pero la celadora se queda preguntando quien la indultará a ella de la triste vida que lleva. Así termina la obra.

Con notoria habilidad, en el pequeño espacio de la Videosala quedaron acomodados una cama, un ropero, un piano, un baño, un ventanal que mira al mar y el faro que ilumina con sus giros la escena y a los espectadores. La primera fila de asientos se convirtió en recinto donde habitan el coronel y su esposa, ahí cocina esta, usando ingredientes reales que llenaron de aromas el recinto. Ahí también se acomodaron los encargados del  sonido y las luces.

Bertha Merodio
Los papeles, en orden de aparición quedaron a cargo de la avezada Bertha Merodio, en el papel de Catalina, cónyuge del militar. A esta actriz le hemos visto en comedias y en su largo proyecto de llevar el teatro a los niños mediante visitas escolares enfundada en su papel de la Gallipava. El director, Juan Ramón Góngora, acertó al elegirla para esta intervención que requiere acentuar pasajes de gran emotividad.

Bernard Fontbute
El actor francés Bernard Fontbute, establecido en Mérida, donde imparte clases de actuación y terapia psico-corporal, dio vida al coronel Leonardo Betancourt. Es  de admirar su trabajo actoral, no hay duda de su experiencia en ese campo.

A la española Rebeka R. Guerrero correspondió estar más tiempo en escena, en su representación de la bella e inteligente  María Antonieta Miranda de la Rosa. Sobresalió al cumplir con las exigencias de los distintos cuadros que le impusieron mostrar su dominio en gran variedad de expresiones histriónicas. Ya la hemos visto en otras buenas actuaciones.
Rebeka R. Guerrero

Quizá por la zona donde nos tocó sentarnos no  escuchamos bien una parte del texto donde Carballido desborda poesía en esa obra, es la escena donde la prisionera causa destrozos en su celda, en una noche de tormenta. Ella grita agitada: “Rompe paredes, rómpelo todo, arranca el faro de raíz. Húndenos de una vez, llévanos al abismo; brilla con tus relámpagos, electrízanos, haznos trizas…”.


Sin  embargo salimos del recinto convencidos de que este relámpago de actores y su director nos electrizó, nos alumbraron con el faro de Carballido y nos hundieron en ese maravillo mar que es el buen teatro. (Mérida Cultura).

lunes, 16 de noviembre de 2015

Mirada del país al teatro yucateco

"La Rendija", en el Museo Regional de Aguascalientes.




Artistas locales participan en el festival nacional de teatro.



Más de 30 teatreros yucatecos arribaron con sus bártulos la semana pasada a la ciudad de Aguscalientes. No acudieron para divertirse en la Feria de San Marcos sino para participar en  la edición  número 36 de la Muestra Nacional de Teatro, que comenzó el  pasado jueves y concluirá el próximo sábado 21.

Ahí tienen la misión de impresionar a los habitantes de esa zona del país con una muestra del buen  teatro que se hace en Mérida y contrastar su trabajo con el que realizan otros actores y creadores del resto de la nación.

No es un reto sencillo, en ese evento anual participan 38 buenos montajes de toda la República. Estas obras fueron seleccionadas de entre 381 proyectos de distinto estilo, formato y modelo de producción. Sólo el 10% de las solicitudes para participar fueron  aceptadas.

Lo anterior ya resulta un gran paso para los artistas yucatecos. Lograron  estar entre ese reducido segmento que participa en esa muestra.

"Del manantial del corazón", de Conchi León.
En el grupo que viajó hasta Aguascalientes están Raquel Araujo, Conchi León y Juan de Dios Rath, nombres muy conocidos en el medio escénico de la Península y que ahora también sonarán más en el plano nacional pues se observará ahí una muestra del trabajo que ellos realizan en materia de dramaturgia, dirección y actuación.

La primera intervención  de la delegación estatal fue este domingo, cuando fueron programadas seis obras de Guanajuato, Nuevo León, Jalisco, Baja California, ciudad de México y Yucatán. La compañía La Rendija, que dirige Raquel Araujo, presentó “Tío Vania, 1920. Escenas en la vida de la hacienda”.

Esa obra, como hemos informado en este blog, es una versión de la obra  “Tío Vania”, del  escritor ruso de Antón Chéjov. La presentación se realizó en el Museo Regional de Aguascalientes.

"Sidra Pino, vestigioss de una serie".
Mañana martes tocará el turno a la dramaturga yucateca Conchi León y el grupo Sa’as Tún. Ellos ofrecerán “Del manantial del corazón”, obra que recoge tradiciones, ritos y creencias mayas que todavía perviven en torno el embarazo y el parto y la muerte de los niños en las empobrecidas comunidades rurales de Yucatán. Esta presentación  será en la Universidad de las Artes.

Al día siguiente, miércoles, subirá al escenario el equipo de Murmurante Teatro, que dirige Juan de Dios Rath, para ofrecer “Sidra Pino. Vestigios de una serie”. Esta puesta en escena aborda el largo conflicto sindical de la desaparecida embotelladora Sidra  Pino y aspectos culturales de la sociedad meridana ligadas a esa bebida. 

La selección de esas tres obras para estar en la Muestra Nacional de Teatro habla bien del trabajo escénico de Yucatán, pues de esta entidad federativa salieron 12  candidaturas para evento. Ello quiere decir que se aceptó al 25% de ellas.
Exposición fotográfica de Fernando Moguel

En la delegación yucateca también  están dos jóvenes creadores que acuden como becarios para intervenir en las Reuniones de Vinculación que se organizan dentro de esa muestra con el fin de intercambiar experiencias y crear una red de trabajo. Ellos son Ilse Irasema Morfín Alemán y Erik Josué Santoyo Suárez.

Además, se abrió en Aguascalientes una exposición del fotógrafo yucateco Fernando Moguel, fallecido hace un año y quien centró su trabajo en el teatro. Su colección está formada por cientos de imágenes captadas en numerosas puestas escénicas a las que asistió. 

La muestra llevada a esa capital consta de 22 imágenes, se denomina “Fernando Moguel: su amorosa mirada a lo efímero”, y está abierta en  el Instituto Cultural de Aguascalientes. (Mérida Cultura)


domingo, 15 de noviembre de 2015

Encuentro teatral de la cultura maya.




Artistas yucatecos llevaron  sus obras a Tabasco.



Dos grupos teatrales del  interior del estado estuvieron en Tabasco para participar en el Tercer Encuentro de Teatro de la Cultura Maya que comenzó el jueves pasado y terminará este domingo.

Una de esas agrupaciones es  “Chan Dzunu’un”, que llevó a esa muestra la obra de teatro denominada “La vieja pobreza”, bajo la dirección de  Luisa Góngora Pacheco.

En ese trabajo se habla de una familia pobre que no tiene qué comer.  Una persona se compadece de ella e invita a sus integrantes a su casa. En el camino ella les narra una historia extraña sobre una  anciana.

El otro conjunto se llama Colectivo Teatrao “Ariel Méndez”, quien presentó “J-Lool y los pájaros que presagian la muerte”, escrita y dirigida por   Socorro Loeza Flores.

En esa obra se narra el caso de un joven flojo e incrédulo llamado J-Lool que acude a casa de su abuela, una narradora del pueblo. Pero al no hallarla ahí, toma un bolso mágico donde ella guarda sus cuentos. Esa mala acción hace  la Muerte lo convierta en su sirviente, lo transforma en un  ave que presagia el fin de la existencia de las personas.

La reunión de teatreros en Tabasco tiene como fin difundir historias y tradiciones de la cultura maya. En ella se congregaron artistas de la zona sur-sureste del país.

Además de  las presentaciones escénicas, el programa de actividades de ese encuentro incluyó talleres sobre actuación para los grupos participantes. (Mérida Cultura).


martes, 27 de octubre de 2015

El desnudo en un drama teatral



Qué ocurre cuando coinciden la orfandad y el Alzheimer?



El director teatral Francisco Solís y su montaje de una obra escrita por Conchi León, estrenada este martes 27 en el Centro Cultural Olimpo, seguramente darán de que hablar.

Es una dramaturgia que expone la tragedia de una adolescente de 14 años de edad que pierde a sus padres ahogados en  el mar. La huérfana, hija única, queda entonces a  cargo de tres tragedias: sobrellevar la orfandad, cuidar de su abuelo enfermo de Alzheimer y sacar adelante  su vida con esas responsabilidades a tan corta edad y en la soledad.

Son de esperarse las consecuencias de tan pesadas circunstancias, y aquellas llegan.

En esta obra hay también un acercamiento  al drama de aquellos ancianos que se dan cuenta  que el Alzheimer tiende su manto negro sobre la memoria y resultan inútiles sus esfuerzos por evitar el destrozo intelectual.

El nombre de esta obra es “Todo lo que encontré en  el agua”. Incluye una escena de desnudos totales por parte de Carlos Farfán y Desireé Solís, dos de los jóvenes actores que participan en  este proyecto junto con José Luis Almeida, veterano artista local con larga lista de trabajos teatrales de distintos  tipos.

Ignoramos si ese pasaje con cuerpos desprovistos de vestimenta está planteado  en la dramaturgia de Conchi León o es un recurso que eligió el director Francisco Solís para resaltar el encuentro sexual que tiene la adolescente con un hombre  joven, padre de dos hijos que se gana la  vida como aseador de calzado junto a un centro nocturno  donde la muchacha trabaja de bailarina.

No es la primera vez que se ve  en el teatro local este recurso de despojar totalmente de prendas a los actores. Todavía se recuerda el lío que  varios medios de difusión le armaron en 2013 al  recién ratificado Director de Cultura del Ayuntamiento, Irving  Berlín Villafaña, por la presentación en el poblado de Cholul de la obra Bacantes, montada por Raque Araujo y que incluyó un  desnudo masculino.


Ese asunto llegó incluso a sesiones de Cabildo,  donde regidores del PRI sancionaron al alcalde Renán Barrera por permitir esa presentación, e incluso lo desafiaron a repetirla en  el  atrio de la Catedral  pues el  concejal consideró que el asunto no era para tanto escándalo.

Otro desnudo también lo vimos en la danza, en 2014,  en la presentación de “Cuatro visiones del paraíso”, la cual abrió el XX Festival Nacional e Internacional de Danza Contemporánea Oc’-Ohtic.

En aquella ocasión mencionamos que no siempre se consigue  el éxito estético deseado cuando se recurre a los desnudos. Y se dan casos en que se utiliza ese u otros elementos llamativos para suplir la falta de talento. En todas ocasiones se evalúa si ese recurso cumple o no su función de completar el mensaje que se busca transmitir.

Sería lamentable que esta obra de Conchi León -es primera vez que llega a las tablas- atraiga público por el morbo y no  por el argumento, la actuación del  elenco y la estructura elegida para desarrollar el  guion.

Nos parece que Desirée Solís, José Luis Almeida y Carlos Farfán hicieron buen trabajo. En los dos primeros recaen además pasajes importantes de esa puesta en escena en la que Conchi León  mantiene su estilo de recurrir a imágenes y elementos metafóricos para retratar realidades.

En ese proyecto, realizado por el grupo Teatro del Sueño, también colaboran Hortensia Sánchez (producción y vestuario) y Manuel Araiza (escenografía e iluminación).

“Todo lo que encontré en el agua”  se repetirá este miércoles 28.  Habrá cuatro  funciones más  en noviembre, los martes 3 y 10 y los miércoles 4 y 11, todas ellas en el Centro Cultural Olimpo. Los boletos son a $50 y $25 (Mérida Cultura).

domingo, 25 de octubre de 2015

El despertar sexual en adolescentes




Fin a la temporada de una obra que aborda ese tema


Luc Tartar es un  joven dramaturgo francés autor de dos novelas y unas veinte obras teatrales. Parte de estas son una mirada a los adolescentes actuales que son bombardeados para que adelanten su despertar a la libido y entregarse prematuramente al despertar sexual.

Ese autor aborda el tema con textos que  combinan  poesía y frases rudas. Con ellas describe desde su punto de vista particular los sentimientos de los muchachos hacia esa combinación de enamoramiento y lascivia.

Uno de sus trabajos donde se puede observar esto es Les Yeux d'Anna (Los ojos de Ana), Roulez Jeunesse! (¡Vamos juventud!) y  en S'embrasent (Abrasados).

Esta última obra mencionada fue montada en esta ciudad por el grupo Teatro Indigo, bajo la dirección de Anahí Alonzo y producida por Anaii Cisneros (no hay error en los nombres de ambas, así los escriben ellas). Esta última también actúa en  ella.

Las presentaciones comenzaron el pasado día 2 y terminaron este domingo 25, en  el Centro Cultural Olimpo y en el Foro Alternativo  “Rubén Chacón”. 

En  esta puesta en escena el escritor plantea las reacciones y consecuencias que generan dos preparatorianos que se besan en el patio del colegio y son vistos por algunos estudiantes y también por una anciana que desde el segundo piso de su casa pasa el día entretenida viendo la actividad del colegio, en particular durante los descansos.

La noticia corre por la escuela y más allá.  Llega a oídos de los colegiales,  los profesores,  el director del plantel y  el padre de la muchacha involucrada en el suceso.

Todos responden en forma diferente ante  el acontecimiento. Entre el chismorreo y la expectación se plantea violación de autoridad, temor a los embarazos no deseados y las envidias o censuras por parte de otros jóvenes.

El muchacho involucrado en esa situación es el “carita” de la Prepa, el Don Juan profesional que ya tuvo enamoradas y otras suspiran por ingresar a esa lista. 
Las miradas de este galán son relámpagos en los corazones femeninos, paralizan a las púberes inquietas ante la llegada de Eros a sus vidas.  Ellas sienten cosquilleos y se convierten en ollas de vapor. 

Así lo plantea el dramaturgo en este proyecto que no sólo aborda el enamoramiento y el deseo sexual. Se exponen también situaciones de discriminación, intolerancia y reflexiones sobre esa etapa de la vida.

El papel del joven Tenorio recae en Jair Zapata, actor que ha estado activo en otras obras de teatro. Su compañera adolescente es Anaii Cisneros, la cual también va madurando en su carrera de actriz gracias a su intervención en otros proyectos teatrales. 

Hay dos actores más en escena: Amilcar Barrera, otro que ya acumula bue número de papeles en su haber,  y Andrea Lorenzana, a la cual no habíamos visto anteriormente, nos agradó su buen fraseo. En estos dos recae la tarea de representar a varios personajes  en esta obra.

La directora de esta representación distribuyó bien  al grupo de actores en  la escena. Junto con los escasos recursos escénicos los movió adecuadamente. Nos pareció que hay fragmentos de los textos que fueron recitados,  no actuados. Es un desperfecto que obstaculizó la llegada del mensaje al espectador.

El grupo de actores juveniles puso ánimo y empeño en sus papeles y en el volumen de voz. Se nota que hubo trabajo y sudor en los ensayos.


No pudimos ver esta obra en los inicios de sus presentaciones, nos tocó asistir a la penúltima función y constatamos que atrajo a buen número de asistentes, generó interés. 

Eso es relevante si tomamos en cuenta la competencia que tuvo esta obra en esas fechas en que abundaron los espectáculos del Festival de la Cultura Maya y además hubo otros grupos teatrales locales que también desafiaron esa avalancha de recursos económicos, publicitarios  y organizativos que hubo en torno a ese evento anual. (Mérida Cultura).