domingo, 3 de mayo de 2015

Drama familiar



 

 

El grupo Teatro MID reanudó temporada con Pato Schhauzer.


Juan Carlos Durán es un joven actor al que le gustan las audacias teatrales. Y las busca en los melodramas, aquellas que por su gran carga emotiva requieren de buenos intérpretes y una dirección experta para conmover al público. En este género teatral no basta un buen guión para tener éxito, se requiere además un delicado trabajo en el escenario para conseguirlo.

A Juanki Durán, nombre artístico que él adoptó, lo vimos actuar en Noches de Parques, obra que aborda el tema de la homosexualidad, y ahora nos mostró sus intentos para ascender a director teatral con Pato Schnauzer, una escenificación que recoge las desdichas de una familia dividida, en particular la de dos hermanos que son obligados por la desgracia a un reencuentro después de nueve años de rencorosa separación.

Teatro MID (abreviación de Mérida) es el grupo escénico con el que Durán montó desde el año pasado Pato Schnauzer, una de las obras más representantas del actor, director y dramaturgo veracruzano Saúl Enríquez, otro joven -35 años de edad- que triunfa en las tablas.  Este último obtuvo mención de honor en el Premio Nacional de Dramaturgia 2013,  fue finalista de la Royal Court Theatre de Londres, y ganó beca del Fonca para una residencia en New York.

El veracruzano, quien desde 2006 radica en Quintana Roo, comenzó su carrera de actor en el D.F., en  2014 debutó como escritor y director y desde entonces sus trabajos han participado y ganado reconocimientos en festivales locales y nacionales de muestras y coloquios teatrales.

Juan Carlos Durán y Teatro MID vienen presentando la obra citada en Tapanco Centro Cultural. Este es uno de esos solitarios y menesterosos esfuerzos al que con frecuencia se somete el gremio teatral local por el incumplimiento de las autoridades culturales en su tarea de impulsar el trabajo de esta rama de creadores artísticos.

En este trabajo el novel director eligió dos elencos para ofrecer esta pieza teatral de tres actores que tienen el encargo de mostrar a un joven escritor en ascenso económico y profesional; al hermano de este, un delincuente incorregible perseguido por la mafia por una deuda que no ha pagado, y el padre den ambos, un hombre que se separa de ellos para formar nueva familia después de la muerte de su cónyuge. El acercamiento entre los hermanos es propiciado cuando el escritor es sentenciado a muerte por una enfermedad incurable.
 
En ambos elencos el papel de padre recae en Miguel Angel Cano, y el de los hermanos se representado, en un reparto, por Andrés Várguez y Óscar Chan “Cocotazo”, y, en otro, por Alejandro Lugo y Ernesto Arjona.

Nos tocó ver al primer elenco, donde observamos a un Óscar Chan firme en sus conocimientos actorales por su experiencia tanto en el teatro regional yucateco como en distintos dramas en los que ha participado.

En Andréz Várquez recayó la gran responsabilidad de proyectar a un joven con luminoso futuro cortado por la cercanía de una muerte inevitable. Es una situación de extrema angustia, dolor e impotencia que pone a prueba al actor más curtido y al director encargado de verificar que se transmitan al público esas emociones.

Miguel Angel Canto tiene un papel secundario, interviene sólo para colocar los trozos de la historia que hacen falta en la narración.

Esta obra, con música de la banda Sigur Ros (rosa de Víctoria, en irlandés), se viene presentado cada domingo en Tapanco Centro Cultural, ubicado cerca del parque de Santa Ana, en el cruce de las calles 47 y 68.  Este día 3 la función será a las 5 de la tarde. Los boletos son a $100. (Mérida Cultura)

lunes, 20 de abril de 2015

Poesía, fraternidad y provocación








 

 

Paco Marín expone de nuevo Gatos Amarillos al juicio del expectador.


Si te gusta la poesía y el teatro entonces acude a ver Gatos Amarillos, un proyecto teatral del director y dramaturgo Paco Marín que regresa en nueva temporada, esta vez en el Centro Cultural Olimpo.

Esa obra, presentada el domingo pasado, combina tres elementos que con frecuencia conviven en el escenario: la lírica, la relación entre hermanos y la presencia sensual y provocativa de una mujer.

Con esos ingredientes se elaboró la dramaturgia de Gatos Amarillos. En ella hay diálogos poéticos, metáforas y frases de mucho lirismo (“Mi soledad no es una cárcel, es un abismo”) salidos de la envidiable pluma de Paco Marín. Hay además dos hermanos que se quieren pero también pelean y se recriminan, como los gatos. Y también tenemos el fantasma de la actriz y cantante francesa Alice Prin, quien falleció en los años 50 y ganó fama por haber sido modelo de fotógrafos y pintores europeos.
A los 17 años de edad ella posó desnuda por primera vez para uno de sus amantes. Se le conoció como Kiki, la reina de Montparnasse, el barrio parisino de bohemios y artistas.

En esta obra los dos hermanos deliran con ella. Pero la ven de distinto modo, y reciben de ella mensajes diferentes. En la escena hay además una especie de hada que abre una ventana mágica que permite ese enlace entre los jóvenes con el espíritu de la artista.

La historia transcurre cuando los dos hermanos compiten entre sí en una cancha de basquetbol. Ahí ocurren las apariciones oníricas y se expresan los sentimientos de los muchachos. Debido a la incorporación de Kiki de Montparnasse en esta historia, la obra comienza con un diálogo en idioma francés, y termina aludiendo a la seductora parisina.

Nos pareció que, si bien hay cinco buenos actores en escena, faltó más esfuerzo actoral o dirección tenaz para que la exposición de los textos no parecieran recitaciones. Esto se observó sobre todo en los dos actores principales, quienes son hermanos en la vida real, Alfonso y Rafael García Medina, el primero de ellos egresado de la Escuela Superior de Artes de Yucatán y quien debutó como dramaturgo en “Días de ira”, obra teatral a cargo de la compañía Caballo Azul, la misma que montó Gatos Amarillos.

Lo anterior dificultó tener claro el argumento y la historia que se quiere plantear. Entre el público hubo quien comentó que perdió el hilo de la trama y por ello le pareció aburrida la función.

Este grupo de actores ha trabajado en otras ocasiones con Paco Marín, son parte del grupo Caballo Azul. También se han lucido en otros trabajos y con otras compañías.

Laura Zubieta es quien encarna a la Kiki de Montparnasse en decadencia, la actriz acabada por los años y el alcohol. Zubieta es una profesional que ha hecho drama, melodrama y comedia. En esta ocasión también le toca cantar. 
Ella pisa con dominio cualquier escenario, puede hacer reír en una tanda de teatro regional yucateco, o bien generar sensaciones y reflexión en otros géneros, como ocurrió con “Mestiza Power” y “Después del Eclipse”, dos obras de la dramaturga Conchi León en las que intervino.  

A su vez, Andrea Urban, quien es actriz y bailarina, representó a la Kiki juvenil, provocativa y sensual.
El estilizado cuerpo de esta profesora de danza contribuyó a proyectar el voluptuoso papel que le correspondió. 
Entre las últimas intervenciones que Andrea Urban ha tenido en danza está “Historias inasibles”, que dirigió Tatiana Zugazagoitia. En teatro ella ha participado en “Habitar-es”, “Días de ira” y “Asesinado por el cielo”.

Randia Escalante, la tercera actriz en escena, es licenciada en Teatro por la Universidad Veracruzana, donde egresó con mención honorífica. Comenzó su carrera en 2011, desde entonces no sólo actúa sino que también ha dirigido obras y escrito algunas. Se ha presentado en Veracruz y el Distrito Federal.

La obra Gatos Amarillos seguirá en cartelera todos los domingos a las 8 de la noche en el Centro Cultural Olimpo, excepto el día de las elecciones. Los boletos son a $50 y $25. (Mérida Cultura)

lunes, 30 de marzo de 2015

Una mamá sorprendente y divertida




 

 

Dos buenas obras clausuraron el encuentro internacional de teatro dedicado a la mujer.



Lamentamos decirte que hubo una fiesta para ti y no asististe, el banquete estuvo servido y no llegaste. Este manjar fueron las dos obras a cargo de una actriz venezolana y otra uruguaya que cerraron  el encuentro internacional 'La mujer en la escena teatral de cara al siglo XXI” organizado por Globo Teatro, agrupación dirigida por Ana Várguez.

Dos de las asistentes a esa reunión, la actriz Raquel Diana (Uruguay) y Maigualida Gamero (Venezuela), presentaron sendos monólogos sobre la mujer en la descuidada Casa de la Cultura del Mayab (¿No hay presupuesto para hacerle alguna mejora a este recinto?).
En ambos casos los personajes que ellas mostraron parecen salidos de historias reales. Muchísimas mujeres se identificarían o se sentirían retratadas en esas dos obras.

La uruguaya, quien también es dramaturga y directora, presentó  “María Woyxeck”, una propuesta  basada en un clásico del expresionismo teatral alemán. A su vez, la venezolana nos trajo “Madre pasota”, una creación atribuida al premio Nobel italiano Danio For pero que en realidad es, en su mayor parte, un trabajo de la esposa de aquel, Franca Rame, ya que era común que este matrimonio realizara juntos proyectos teatrales.

Pasota es un término que describe a quien sigue valores distintos a los de la sociedad convencional, y en la obra que trajo Maigualda Gamero vemos a una típica mujer que deja de ser ama de casa con doble jornada, mamá abnegada y esposa sufrida para convertirse en una pasota.
Es una transformación obligada por las circunstancias, las tragedias de la vida la empujan hacia esa dirección. Esta atribulada madre que sufre injusticias y que termina traicionada por su hijo y su cónyuge descubre que prefiere su nueva vida, lejos del matrimonio y otros papeles convencionales con los que la sociedad encadena a muchas mujeres.

En esta obra de Darío Fo y Franca Rame vemos elementos del teatro crítico que caracterizaron al trabajo de esta pareja de izquierdistas que usaban el escenario para hacer señalamientos sociales y políticos que les valieron persecución y censura en Italia. En “Madre pasota” hay señalamientos hacia la policía represiva, la iglesia, el gobierno y la injusta condición femenina.

En esta obra vemos a una mujer huyendo de los carabineros. A punto de apresarla, ella entra a una iglesia y se esconde en el confesionario, donde el sacerdote se dispone a escuchar los “pecados” de esta. Ella narra su historia al presbítero y así el público se entera de cómo esta dejó la vida tradicional para adoptar un estilo hippie.
Su nueva forma de vivir es resultado de los sacrificios, encarcelamientos  y golpes que sufrió por su hijo drogadicto y un esposo enfermo al que cuidó. La pobre mujer no sólo sufre la traición de estos dos sino también del cura, quien la delata a los carabineros y ella escapa corriendo del templo.

En esa obra, Maigualida da una cátedra teatral. Sus gestos, posturas, actitudes y las palabras italianas que incluye en la narración describen bien lo que pasa. No deja dudas de que ella es la mujer descrita por Fo y Rame. Su movimiento por el escenario y la estructura que dio a la presentación de esta  esta jocosa sátira es una congruencia entre lo que ella pregona sobre la actuación y lo que hace en la escena.

Las ideas y enseñanzas que ella expuso en las charlas de encuentro internacional de teatro las vimos concretarse en el escenario. Los estudiantes de teatro se perdieron la oportunidad de aprender en una hora lo que les tomaría semanas en el aula.
Maigualida es locutora, promotora, gestora cultural, directora y docente ha recibido reconocimientos y es integrante de la Comisión Directiva de la Asociación Iberoamericana de Teatro Universitario. Ha presentado Madre Pasota en varios países.

Lamentamos que el público meridano también dejara escapar este apetitoso bocado teatral. Los que asistieron el domingo por la noche a ver a la venezolana no llenaron la primera fila de asientos. Quienes sí estuvimos quedamos ahítos con este banquete. (Mérida Cultura).

domingo, 29 de marzo de 2015

La risa, alma del teatro regional yucateco



 

 

El público acoge el interés del grupo Mayab Mool por conservar esa expresión cultural propia de esta tierra.  




Una de las razones por las cuales se mantiene el gusto por el teatro regional yucateco es que su carácter esencial es hacer reír, el humor es su columna central, el drama no cabe en este género, excepto si este se aborda en forma chusca o sirve de excusa para provocar carcajadas. Además es un teatro sencillo, fácil de captar por el espectador, tiene elementos propios de nuestro pueblo y que están en nuestra vida cotidiana.



Por esa razón estos escenarios siempre tienen público y una taquilla que envidian actores, dramaturgos y directores enfocados a otros rubros escénicos. 
La gente busca esas estampas de gente de pueblo, de pícaros populares y mestizas arrefaldadas porque quiere reír, desea escapar un momento de los malos ratos, de esos tragos amargos de la vida cotidiana, de la crisis económica, los malos gobiernos y otras calamidades más. 


En lo anterior está la principal explicación de por qué esas historias ingeniosas –no las malas parodias rebosantes de insultos- conservan ese abundante público fiel. ¿Quién no está dispuesto a pagar por una hora de regocijo? 


Esa adhesión al teatro regional yucateco la constatamos de nuevo ayer sábado por la noche en el Centro Cultural Olimpo, en otra presentación más de “Las mujeres que se pintan”, chispeante obra escrita por Erik Santoyo y aderezada por la buena actuación de expertas y conocidas actrices de ese género. 
El público hizo larga fila ante el recinto para ver la función. Todavía había personas comprando su boleto en la taquilla cuando se abrieron las puertas para dar paso a jóvenes, adultos y gente de edad avanzada que acudieron a la presentación.



En esta obra actúan tres apreciadas y expertas damas de esos escenarios: Narda Acevedo “Chonita”, Betty Yañez “La bomba” y Bertha Merodio, las cuales dan firmeza a esta obra, su sola presencia contribuye al éxito de las puestas en escena. (Por cierto, doña Bertha ya impuso un récord con su personaje de La Gallipava, usado para llevar el teatro a estudiantes del nivel básico).


Otra integrante del elenco es Karina Sabido Guillermo, cuyo personaje de empleada doméstica es el eje sobre el cual se desarrolla buena parte de la historia. Esta joven realizó un buen trabajo, tiene gracia, con su papel generó buena parte de las risas. Completaron el equipo otras dos jóvenes y guapas actrices, Marina Yamá y Airán Ventura.


En todas ellas recae el peso de la narración, enfocada a plantear la equidad de sexos, a derribar el mito de que las mujeres necesitan a un hombre a su lado para ser felices y realizarse. Por el contrario, se advierte que una mala elección en el matrimonio refuerza la sentencia de que más vale sólo que mal acompañado.
De paso esta comedia expone el gran cambio por el que atraviesa el modelo tradicional de familia debido a la modernidad y nuevas formas de pensar.   


El único varón en el elenco es Ángel Velázquez “Tauch”, tiene un papel secundario, sale al final de la obra para generar más carcajadas y aportar el personaje masculino necesario para remarcar el mensaje de “Las mujeres que se pintan”.


La presentación de anoche incluyó la participación del ballet Raíces Mexicanas, cuyas cuatro parejas se llevaron buena tanda de los muchos aplausos que ofreció el  público a cambio del buen sabor de boca que les dejó este trabajo a cargo del grupo Mayab Mool que dirige Erik Santoyo. (Mérida Cultura)