viernes, 9 de enero de 2015

Para divertirse y reflexionar



 

 

Julio Nava presenta piezas escénicas para llamar la atención sobre problemas sociales.



Una forma de teatro para divertirse y reflexionar es parte de las líneas de trabajo con las que el actor y director teatro Julio Nava terminó 2014 y comenzó este 2015, en el cual cumplirá 15 años de realizar ese trabajo escénico en Yucatán.

El pasado jueves 8 por la noche, Nava llevó al teatro Felipe Carrillo dos piezas que ha estado exponiendo en distintos foros de esta ciudad y del interior del estado para generar cuestionamientos entre padres de familia y adolescentes sobre la importancia de atender a los hijos y de tomar decisiones acertadas durante la etapa juvenil de la vida.


Una de ellas obras se denomina “Tengo 17 años”, es un monólogo que expone el drama de una jovencita que irresponsablemente ocasiona un accidente automovilístico en el que ella muere. La otra pieza es “Cosas de muchachos”,  escrita hace 40 años pero que sigue actual porque plantea el problema de los embarazos no deseados entre los jóvenes, fruto en parte de la desatención de los papás. 

Nava dijo que con esos trabajos busca llamar la atención sobre esos problemas sociales y hacer que público reflexione sobre ellos. Para insistir en que se logre esto, en la función que ofreció el jueves pasado llevó a un psicólogo para que responda preguntas o inquietudes del público acerca de las obras. 

Respecto a los embarazos no planeados entre adolescentes y jóvenes, ese profesional expuso que actualmente Yucatán ocupa el noveno lugar nacional por la cantidad de casos de ese tipo que se presentan en esta región.

Entre el público que participó en ese diálogo estuvieron dos maestras. Una de ellas dijo ser profesora de un colegio privado con alumnos que provienen de familias de amplios recursos económicos. Y en esa población estudiantil también se observa ese problema, de modo que este no es exclusivo de sectores de la sociedad con menor poder adquisitivo.

Otra persona más inquirió si los muchachos de hoy día no son empujados a tener relaciones sexuales al ser bombardeados por mensajes al respecto y anuncios que les aseguran que no tendrán problemas si utilizan el condón u otros métodos de control natal.

La obra “Cosas de muchachos” plantea el asunto de las relaciones sexuales irresponsables, los embarazos no deseados, la paternidad a temprana edad y los problemas que conlleva a los jóvenes a formar una nueva familia obligados por esas circunstancias. Esa pieza teatral también cuestiona la falta de comunicación entre jóvenes y adultos.  Fue escrita por  Willebaldo López en 1973 y ha sido presentada cientos de veces en foros del país.

En esta ocasión actúan en ella Dulce Nuñez Godínes y Benjamín Morelos Martínez, los cuales hicieron un buen trabajo en las tablas. En el caso de la primera obra el programa de mano no decía nada al respecto, y no fue posible saber el nombre de la actriz.

El trabajo de los tres artistas en escena y la dirección de Nava se vio afectada por fallas en el equipo de sonido que el Ayuntamiento rentó para esa presentación que fue parte del Mérida Fest 2015.
Esos factores que no están en manos de los productores, directores de escenas y actores son parte de lo que más irrita a estos porque da al traste con semanas de trabajo y preparación que realizan. Esperamos que estas cosas se corrijan. (Mérida Cultura)   

domingo, 14 de diciembre de 2014

Excepcional propuesta teatral



 

 

 

 

El drama de una obra de Chejov en una recreada hacienda henequenera.
 


La compañía teatral La Rendija, que dirige Raquel Araujo, nos obsequió en estos días un montaje de lujo y un drama estrujante mediante una adaptación de la obra El Tío Vania, del escritor ruso Antón Chéjov.


Si bien es una puesta en escena que ya se había presentado en esta ciudad hace unos años, esa versión resulta no sólo nueva sino diferente por su originalidad, fue traslada a la época henequenera local de principios del siglo pasado. 


La caracterísica antes citadas es uno de los muchos atractivos del teatro, cada director y productor aporta su estilo a las creaciones dramatúrgicas. En las tablas ocurre lo mismo que en la música. Una sinfonía suena con variaciones distintas según la orquesta y el director que la interprete.


La adaptación que nos trajo Raquel Araujo brilla más por el apoyo que obtuvo del productor Oscar Urrutia para convertir una antigua casona en un set cinematográfico, estableció tres escenarios en distintos planos donde los que los actores se mueven para desarrollar la historia con acciones simultáneas . En este caso el espectador no está lejos de la escena, como ocurre en un teatro convencional, está dentro de ella.


Se realizó un buen trabajo para lograr la atmósfera de una hacienda henequenera en la cual actores veteranos y jóvenes rebanan las vidas de los personajes para mostrarnos el alma de estos: fracasos en sus esperanzas, ilusiones destrozadas, amores imposibles, sentimientos no expresados y almas resignadas al sufrimiento, el trabajo y un futuro gris.


Esos conceptos son temas universales, por eso la obra de Chejov se mantiene actual. Los acontecimientos que él pone en la atribulada familia del tío Vania son situaciones que pueden darse en la Rusia zarista, el Nueva York del siglo XXI o las fincas del oro verde en Yucatán. 


En esta historia se nos presenta a un hombre mediocre pero con mucha suerte. Es un profesor que escribe temas de cultura sin saber nada de ella, nunca destacó, pero todos pensaban lo contrario hasta que se supo la verdad. 

Este engreído logra contraer nupcias con la heredera de una hacienda, la cual fallece dejando a una hija pequeña que crece y trabaja al cuidado de su tío Iván (Vania). Este último administra la heredad para enviar dinero al profesor que está casado de nuevo con una muchacha joven que, engañada como los demás, sacrifica su juventud y belleza por ese individuo.


El profesor vive bien con ella en el extranjero gracias al esfuerzo y penurias de Vania, quien le tiene admiración.


Pero la economía henequenera se pone mala, y es en ese período en que el profesor, ya enfermo, regresa con su bella mujer a la finca. Esto trastoca todo. Vania y un médico de la región, amigo de la familia, se enamoran de la joven esposa. A su vez, la sobrina de Vania, una joven acomplejada y que se cree fea, siente amor por el facultativo sin ser correspondida.


La situación empeora cuando el profesor anuncia que venderá la finca para pagar deudas, comprar papeles bancarios y tener una renta con que vivir en Veracruz. Vania enloquece pues parte de la hacienda era suya, había renunciado a ella para contribuir a la felicidad de los otros. Se  da cuenta que el falso intelectual es un inútil, intenta matarlo pero fracasa. El desenlace resulta, sino cruel, amargo. Hay que ver la obra para enterarse del final de la historia.


En los papeles principales está Juan Ramón Góngora (Iván, el tío Vania), Diego Cerón (médico), Alejandra Argoytia (esposa del profesor), Liliana He Sant (sobrina del tío Vania) y Jorge Castro Realpozo (profesor).  


Los personajes secundarios son un  terrateniente arruinado que es amigo de la familia (Francisco Ríos “Zapote”), la suegra del profesor, quien es viuda (Silvia Káter), una nodriza (Eglé Mendiburu), un campesino (Miguel Kú) y una empleada doméstica (Katenka Ángeles).


Hay versiones de la obra en que Katenga Ángeles y Liliana He Sant intecambian papeles.

Este montaje escénico es largo, dura poco más de dos horas. Tiene momentos de intenso dramatismo y secciones en las que varios actores tienen lucimiento personal.


Vale la pena ir a disfrutarla este domingo, cuando será la última función de esta temporada, a las 7 de la noche.


Los boletos son a $125 pero se ofrecen con descuento ($200 tres personas y $250 cuatro boletos) si se presentan en la taquilla un recorte que se publica en el Diario de Yucatán o los cupones que aparecen en el muro de Facebook de La Rendija. (Mérida Cultura).


Nota: En la función que nos tocó ver, todo el elenco se unió en una manifestación de solidaridad por los sucesos de Ayotzinapa. Al final de la función, después de los aplausos, los actores se fueron retirando del escenario expresando: “Nos hacen faltan 43”.  

jueves, 11 de diciembre de 2014

Lo negro de la casa blanca




 

 

Una sátira en forma de pastorela a las realidades políticas de la nación.




"El teatro que no es político es decorativo", afirma Óscar López, actor y director teatral que, congruente con sus palabras, trae por tercer año consecutivo una pastorela que esta vez exhibe en forma jocosa a la clase política del país.


“Lo negro de la casa blanca” es el sugerente título de esta puesta en escena que se estrenó ayer jueves por la noche en el Centro Cultural Olimpo, la cual tendrá dos presentaciones más en ese lugar. 


Es un montaje de la compañía La Fragua Producción Escénica, con siete actores que hacen desfilar o vapulean al presidente de la República y a la  cónyuge de este, también a los diputados, la Secretaría de Gobernación, el PRI y otros partidos políticos más, así como a la ex gobernadora Ivonne Ortega, los aspirantes locales a cargos de elección, a Televisa y otros protagonistas más de la situación que atraviesa la República.


Además se hace repaso de la crisis económica, las promesas oficiales incumplidas, los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, la represión a las marchas de protesta, la economía informal, el sistema educativo  y otras realidades nacionales y locales recientes.


“En la realización de esta pastorela no fue lastimado ningún político. Al contrario, ellos han lastimado a nuestro país”, indica el programa de mano de esa obra dirigida por Óscar López con apoyo técnico de Adriana Gómez.


En la reyerta teatral que se da entre ángeles, demonios y pastores para que la Navidad se realice o se cancele, también resultan zarandeados integrantes de la comunidad artística local. 


La ESAY, el teatro Tapanco, la compañía La Rendija, la Sedeculta e incluso La Fragua  son nombres incluidos en el texto de esta obra que toma la tradición cultural de las pastorelas que plantean en forma singular la lucha entre el bien y el mal. En esta parodia el guion se ocupa de los recientes acontecimientos políticos y sociales de la nación.



Las dos pastorelas que esa compañía teatral trajo los años anteriores tuvieron el mismo tenor. Sus nombres así lo indican: “La diabla se viste de Ibónica” y “El diablo tiene copete”. 

El hilo conductor de las historias es el mismo de que caracteriza a esa tradición teatral mexicana de gran arraigo en el centro del país: el enfrentamiento entre el bien y el mal, representado por ángeles y demonios que, en ambos casos, deben recurrir a pastores para lograr sus fines. Por un lado, Lucifer y sus seguidores quieren evitar que nazca El Salvador y así acabar con la Navidad, pero se enfrentan con los espíritus celestes que luchan por evitarlo y, como siempre, resultan victoriosos.  


La pastorela es una manifestación teatral mexicana con gran arraigo en el centro del país, pero es escasa, casi inexistente, en la península yucateca. En las versiones políticas que ha presentado Óscar López hay elementos que la acercan al antiguo estilo del teatro regional yucateco, donde el humor está muy ligado a los personajes y sucesos de la política local y nacional.


En “Lo negro de la casa blanca” participan el conocido actor Miguel Flota, su personaje de un acomodador de autos, apodado El Bato, que es postulado para diputado debido a su escasez de luces, atributos y competencias. Su lema de campaña es “Vota por Bato, lo mismo pero más barato”.


Susana Campos hace el papel de cónyuge del aspirante a legislador, ella es una pobre integrante de un ballet folklórico que además realiza otros oficios para pagar su humilde casa, una vivienda que es convertida en mansión gracias a los planes de Satán para acabar con la Nochebuena. Ella pasa apuros para explicar de dónde salió tanta lana. 


En el papel de Luzbel y la diabla Lujuria están Óscar López y Yoluayel García, respectivamente. Los ángeles son Diana López (Arcadia) y Raúl López (Argelio). Los cuatro tienen divertidas intervenciones. También participa Efraín Baas, quien encarna a un líder partidista.  


Esta amena obra se repetirá este viernes 12 y mañana sábado 13 en el Centro Cultural Olimpo. Los boletos son a $50 y $25. (Mérida Cultura).